jueves, septiembre 29, 2011

(Reseña de cómic) JLA: The Nail

Desde que en 1985 la Crisis en Tierras Infinitas convirtiera el multiverso DC en un único universo, las historias en tierras paralelas donde los acontecimientos se habían desarrollado de manera distinta a los universos principales dejaron de ser canónicas por completo. Sin embargo, y a pesar de eso, a partir de 1989, con la publicación de Batman: Gotham by Gaslight, se inició una nueva línea editorial de DC llamada Elseworld, donde mostraba historias que no entraban en continuidad y que podían ocurrir en universos completamente distintos al principal. Tras el reestablecimiento del multiverso en la Crisis Infinitas, estos Elseworlds han pasado a formar parte del canon de la editorial, al pertenecer cada una a uno de los 52 universos que forman el nuevo multiverso.
Uno de estos Elseworlds es el que ocupa este artículo, JLA: The Nail (en español "LJA: El Clavo"), una serie de 3 números publicada en 1998 por Alan Davis y Mark Farmer. Referenciando un proverbio de George Herbert, la historia comienza mostrándonos como el matrimonio formado por Jonathan y Martha Kent se encuentra con que tienen que cambiar el neumático de su camioneta debido a un clavo que ha desinflado el que tienen colocado, y deciden pasar de ir esa tarde al pueblo cercano, Smallville, ignorando que en el camino hubieran hecho el mayor hallazgo de sus vidas. Veinticuatro años más tarde, el mundo es ligeramente distinto al que conocemos: Luthor es el alcalde de Metrópolis y Jimmy Olsen su asesor, la Mujer Maravilla es la líder de la Liga de la Justicia, el comisario Gordon está muerto pero su hija sigue ejerciendo de Batgirl... Sin embargo, y aunque por lo general parece que el mundo está bastante tranquilo (o sea, no es un mundo distópico como suelen ser muchos de estos universos alternativos), de pronto hay una extraña campaña en contra de los metahumanos, acusándoles de alienígenas que quieren invadir nuestro mundo y, de distintas maneras, siendo capaces de inculparles o forzarles a cometer crímenes varios, sin que ninguno sospeche siquiera quién es el que está detrás de toda esta manipulación.
He de admitir que hasta la fecha no he leído ningún Elseworld que me haya disgustado. Tampoco es que haya leído demasiados, pero los pocos que he leído, he tenido la suerte de que han sido todos bastante buenos, y este no es la excepción. A diferencia de otras series sobre universos paralelos, y aunque el proverbio en el que se basa esta historia da pie a ello, no se jacta especialmente en mostrarnos cómo las vidas de los personajes son completamente distintas a las originales. De hecho, los status quo de la mayoría de los personajes son muy parecidos o incluso idénticos en algunos casos al universo principal, y los pocos cambios que hay se nos muestran por sí solos y de una manera bastante inteligente, sin necesidad de narradores inútiles o escenas sin sentido: todo cae por su propio peso. Además, la historia es bastante fácil de leer y es bastante entretenida. Sin embargo, como pegas está que a partir de que los héroes empiezan a ser incriminados hasta que se revela quién es el villano, la serie se vuelve un poco repetitiva y parece dar vueltas sobre unos mismos temas sin aportar nada nuevo, además de que que hay líneas argumentales que pintan bastante poco e incluso acaban dejando algún agujero de guión gordo al final.
Respecto al arte, es muy bueno. Tanto el dibujo como el color es bastante adecuado para cada ocasión y muestra bien no sólo las diferencias físicas sino también las diferencias psicológicas de cada personaje. Además, es bastante curioso como, al ocurrir supuestamente en un período relativamente temprano de la Liga de la Justicia (como demuestra que Dick Grayson y Barbara Gordon sean aún niños), la mayoría de los personajes tienen unos trajes más parecidos a los de la Edad de Plata que a los que por ese entonces se veían en el universo DC, haciendo que los lectores más antiguos puedan sentirse nostálgicos.
Para concluir, es una historia bastante buena y que a cualquier fan de DC gustará. Tiene muchos guiños y el desarrollo de la historia es, por lo general, bastante bueno, pequeños problemas aparte. Durante los tres números (de 50 páginas cada uno, lo cual lo hace ser como unos seis números de cualquier otra serie) te mantiene en suspense intentando saber quién puede ser el villano y, por supuesto, qué ha pasado con el hombre de acero si los Kents no lo recogieron. Y, aunque es inevitable que especulemos a lo largo de toda la lectura, las respuestas de ambas preguntas, además de completamente inesperadas, son también muy satisfactorias.
Y ahora estoy pendiente de leer su continuación, JLA: Another Nail, aunque me da miedo... Ya sabéis lo que se dice de las segundas partes...

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