sábado, diciembre 10, 2011

(Reseña de juego) The Elder Scrolls V: Skyrim


La primera reseña que hice en este blog fue del juego Oblivion, cuarta entrega de la saga The Elder Scrolls, en la cual comentaba el próximo lanzamiento de su secuela. De hecho, el 11 de noviembre se publicó dicha secuela, Skyrim, al cual llevo desde entonces jugando y sobre el cual ya me siento capacitado de hacer una reseña en condiciones, y me complace cerrar de esta manera ese "anuncio" que hice hace casi cinco meses ya.
Como ya comenté en su día, The Elder Scrolls es una saga de Action RPGs publicada por Bethesda Softworks que se ambienta en un ficticio planeta de nombre Nirn donde la mitología y la magia son parte del día a día de sus habitantes. Toda la saga The Elder Scrolls se ha caracterizado por dotar al jugador de una libertad impresionante a la hora de decidir el curso a actuar, lo cual la han convertido en una de las sagas de RPGs más populares de la actualidad.
En esta ocasión, el juego nos lleva hasta la más nórdica y helada provincia de Tamriel (el país donde se ha desarrollado hasta el momento toda la saga), Skyrim, donde, 200 años tras el final de la anterior entrega, ha estallado una guerra civil entre imperiales que quieren seguir perteneciendo a Tamriel y rebeldes que quieren que Skyrim sea independiente. Sin embargo, esta disputa se ve interrumpida cuando los dragones, que llevaban tantos siglos sin ser vistos que ya se consideraban simplemente leyendas, empiezan a poblar los cielos de Skyrim, y todo parece perdido hasta que se descubre que el protagonista es un dohvakiin, "sangre de dragón", el único capaz de detener a los dragones y devolver la paz a Skyrim (al menos con respecto a los dragones).
Como durante toda la saga, el personaje es completamente personalizable: nombre, raza, profesión, afiliación... Todos esos detalles serán cuestión del jugador decidirlo, de modo que lo único que se mantendrá en todas las partidas del juego es el hecho de que se trate del legendario "sangre de dragón". Sin embargo, esta vez la personalización es aún mayor, ya que no existe el concepto de "clases", muy importante para subir de nivel en entregas anteriores, sino que el jugador tiene libertad de ir aumentando sus habilidades según las vaya usando y según sus preferencias.
Esta no es la única novedad de este juego, que si en anteriores entregas intentaba dar sensación de realismo, cada vez van más allá, ofreciendo la posibilidad de hacer "vida normal" al poder conseguir un trabajo, buscarte una pareja y casarte y cosas del estilo. Por supuesto, la mayoría de los antiguos detalles como el poder unirse a gremios, tanto aquellos moralmente aceptables (el de luchadores o de magos) como los reprochables (de ladrones o asesinos), elegir ser un buen ciudadano o un criminal y cosas del estilo, siguen manteniéndose, aunque el sistema de "crimen" ha sido bastante mejorado, con posibilidad de eliminar testigos para quedar impune o siendo considerado criminal nada más en aquellas zonas donde hayas cometido un crimen, siendo todavía inocente para otras comarcas.
El sistema de combate ha sido mejorado también, siendo bastante más dinámico y, en ciertos modos, más difícil, dando mucho más pie a la estrategia que en la anterior entrega. Una de las principales nuevas características es la de poder elegir qué llevar en cualquiera de las dos manos, si llevar dos espadas, una espada y un escudo, magias, etc. Eso sí, debido a esto, las capacidades de bloqueo se han visto bastante reducidas, lo cual a veces molesta bastante. Pero en general, las peleas son mucho más dinámicas y espectaculares, incluso añadiendo pequeñas escenas en el momento de eliminar al último de un grupo de enemigos, además de que los enemigos tienen aspectos mucho más impresionantes, teniendo en cuenta también que podremos encontrarnos a enemigos de niveles muy superiores al de nuestro personaje, a diferencia de lo que ocurría en el anterior juego, dando pie a que el jugador decida actuar de distintas maneras dependiendo del enemigo que se encuentre.
Hablando de enemigos, algo que eché mucho de menos en Oblivion fueron los "jefes finales", que aunque había alguno que otro, ninguno daba un reto especialmente grande. Esto ha sido mejorado en Skyrim, donde cada mazmorra suele tener uno o dos (si no más) jefes, aparte de los jefes de determinadas misiones. Y eso sin contar los dragones, que pueden aparecer en casi cualquier lugar del mapa (incluso dentro de ciudades) y que son uno de los elementos principales del juego. Resumiendo: tenemos retos para rato.
Sin embargo, una vez más, la sensación de libertad del juego, aunque hay que reconocer que es mayor que la de Oblivion, sigue quedándose algo escasa, ya que las misiones principales no suelen permitir demasiada libertad. Tal vez la única elección importante que hagamos a lo largo del juego sea la de unirnos al ejército imperial o a los rebeldes "Capas de la Tormenta", pero poco más. Sin embargo, hay que reconocer que, gracias a la historia del juego, la sensación que había en Oblivion de "me están obligando a hacer esto" no es tan exagerada, sino que de verdad cumples las misiones como por "decisión propia".
También empeora en algunos aspectos respecto al anterior juego. La desaparición de algunas habilidades, el cambio del minijuego de persuasión por un extraño sistema que sólo se activa a veces o la incapacidad de preguntar a los guardias por direcciones (algo que, considerando que las ciudades son más grandes y menos intuitivas que en el juego anterior, todo por ser más realistas, hubiera sido bastante de agradecer) a veces llega a frustrar a los que hemos jugado al anterior juego.
Pasando al apartado gráfico, Bethesda nunca se queda corto en este aspecto, y el juego es impresionante. Todo el paisaje está muy detallado y se ha añadido mucha dinámica a los movimientos de los personajes, aunque todavía tiene algunos pequeños fallos como que los pies se solapen con el terreno cuando el personaje sube una cuesta o similares. Eso sí, es una gozada pasear por cualquier parte del muy extenso mapeado y disfrutar de todos los detalles.
Y, una vez más, como todos los juegos de la saga, los bugs también son abundantes, tal vez incluso más que en Oblivion, aunque, hasta la fecha no he encontrado ninguno que afecte drásticamente al desarrollo de la partida (aunque faciliten o dificulten en algún momento el juego). Pero bueno, supongo que, como siempre, empezarán a aparecer parches para ir solventando esos problemas.
Resumiendo, el juego es tan impresionante como todos los de la saga. Y, aunque haya perdido algunas cosas con respecto a su predecesor, la verdad es que por lo general el cambio es para mejor y ofrece al jugador muchas horas de juego e incluso la posibilidad de jugar varias partidas para hacer evolucionar al personaje de maneras distintas, aumentando de este modo considerablemente el tiempo de diversión que este juego ofrece.

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