sábado, abril 14, 2012

Un Cubo en Alemania, Semana I

Aún sigo sin poder subir fotos. Espero en unos días que la cosa se aclare. Mientras tanto, sigan disfrutando con los posts programados.

Como ya les anuncié hace una semana, desde el pasado miércoles 11 de abril me encuentro en Alemania donde estoy llevando a cabo el módulo final de mi ciclo formativo, la Formación en Centros de Trabajo, formando también parte del programa Erasmus al que hasta hace unos años sólo podían optar los universitarios. Como prometí, los posts diarios seguirán apareciendo gracias al curro que me pegué los meses anteriores al viaje y, aunque tener un acceso propio a internet se está viendo peliagudo, al menos me las apañaré para publicar los sábados y domingos los correspondientes artículos, siendo los sábados (como hoy) los días de contar mis experiencias como estudiante de intercambio.
Aclararé que, en esta aventura vamos a participar ocho personas, que estaremos divididos en dos pisos. En uno de los pisos nos quedamos: Saul, Alejandro, Moisés y un servidor. En el otro se quedan: Rayco, Rubén, Javier y Martín. Para que sepáis de lo que hablo.

MIÉRCOLES 11 DE ABRIL

Este fue el día en que comenzó todo. Habiéndome levantando a las 6:30 de la mañana para prepararme, meter alguna cosa en la maleta, sacarlo todo para volver a meterlo comprobando que estuviera todo, prepararme algo de comer para el día (que ya desde entonces sabía que no iba a ser poco ajetreado), volver a asegurarme de que me llevara todo lo necesario, y despedirme ya de parte de mi familia (en concreto de mi hermana, Krisna-chan), parto con mi madre hacia el aeropuerto de Gran Canaria, donde me encuentro a los otros siete chavales que me acompañarían en esta aventura, además de un par de sorpresas con los nombres de Merky e Ismath, dos grandes amigos que madrugaron sólo para darme una última despedida (como si no nos hubiéramos despedido varias veces ya la semana anterior).
Tras unas despedidas que intentaban ser lo menos emotivas posibles (aunque no terminaban de lograrlo), el Cubo junto a los otro siete chavales del programa nos dirigimos a la terminal del aeropuerto, donde, ya notando como los nervios se hacían presa de nosotros, esperamos a que saliera el avión, mientras alguno calmaba su apetito. Por fin montamos en el primer avión que nos llevaría hasta Madrid con la compañía Air Europa. Algunos sucumbían al sueño, otros no podíamos hacer otra cosa que intentar tomárnoslo todo con el mayor humor posible incluso cuando el avión empezara a hacer cosas extrañas al acercarse al destino, notando como de repente tenía triple nuez después de que empezaran a oírse ruidos extraños y las luces empezaran a fallar mientras el viento no paraba de azotar al avión. Por suerte, y como podrán suponer ya que estáis leyendo esto, todo salió bien y aterrizamos sin mayor problema en Barajas, el aeropuerto de Madrid.
Recogidas las maletas, el grupo se dividió una vez más, algunos buscando amistades que teníamos en la capital del país. En mi caso, había aprovechado para avisar a otra gran amiga, Desa, que se pasó por el aeropuerto tras salir de clase para hacerme compañía unas horas y, de paso, dejarme un par de recetas que me servirían para no alimentarme de fast food los dos meses que me esperan en Alemania (como mínimo). Tras facturar y despedirme de esta señorita, me reencontré con los otros siete en la terminal, donde montamos en el siguiente avión.
Tras la incómoda experiencia con el anterior avión, cortesía de Air Europa, subir a un avión de Lufthansa fue todo un placer. No sólo el avión era incomparablemente más cómodo, sino que, por ser vuelo internacional, nos dieron de comer, aún cuando el vuelo era ligeramente más corto que el anterior que habíamos hecho (donde por darnos, casi no nos dieron ni las gracias). Por supuesto, recordé la fucking food fucking free que ya cierta otra amiga, de nombre Paula, me había comentado hará unos cuatro años cuando el viaje al Wacken, ya que ella fue con esta compañía hasta allí. Definitivamente, el servicio de Lufthansa fue magnífico a pesar de que nos colocaron en asientos ilógicos ya que aquellos que habían facturado juntos no necesariamente estaban juntos, mientras que los que habíamos facturado por nuestra cuenta sí que lo estábamos. No lo entiendo.
El caso es que llegamos a Munich, donde por fin ponemos pie en territorio alemán (o no, ya que se supone que es zona internacional) y empezamos a flipar cuando Rayco aparece contándonos cómo en los lavabos, no contentos con tenerlo todo automatizado, también tenían incluso una pantallita para que dieras tu valoración del servicio en la entrada. Si es que lo que no se les ocurra a estos alemanes... Además pudimos comprobar cómo los clientes de Lufthansa teníamos derecho a algunos servicios como periódicos o café gratis, aunque nadie se hubiera percatado si, sin ser pasajero de dicha compañía los hubieras cogido, lo cual nos empezó a demostrar la presunción de civismo que muestran los alemanes hacia la gente de a pie... soprendentemente justificada ya que la gente, de verdad, ¡es civilizada!
Último avión, una vez más de Lufthansa, donde en esta ocasón, por ser un vuelo nacional, sólo nos dieron un pequeño aperitivo (sigue siendo más de lo que nos dieron en Air Europa), y llegamos a Berlín, donde tras algún que otro jaleo y comprobar que las cabinas de teléfono alemanas son igual de tragaperras que las españolas, nos encontramos por fin con Inés, la profesora del instituto alemán con la que Miguel Peña, coordinador Erasmus del I.E.S. El Rincón, ha contactado para que nos ayude. De este modo y mientras nos iba explicando un poco cómo funciona la cosa en Alemania, esta chica nos guía hasta nuestra residencia en Tierpark, donde tenemos la primera sorpresa: ¡nos falta una cama, no tenemos sábanas, y tenemos sólo dos llaves, una para cada piso! Eso sí, en mi habitación tengo un cuartito de unos 3 metros cuadrados de lo más mono. Inés nos promete que al día siguiente se encargará de estos problemas mientras Saul se ofrece a dormir en el sillón, comprobando que no es especialmente cómodo aunque recibió alguna que otra ayudita. Y, así, tras echar un vistazo a la televisión alemana y sus "excentricidades", nos vamos todos a dormir para al día siguiente empezar a organizarno.

JUEVES 12 DE ABRIL

Relativamente temprano nos vamos levantando todos para poder ir a hacer una pequeña compra, aprovechando que teníamos un Lidl no muy lejos de la residencia, aunque encontramos otro supermercado, de nombre Alvil, aún más cerca, y empezamos también a comprobar que los precios aquí están mucho mejor que los que hay en España (al menos en Las Palmas de Gran Canaria). Acercándose el mediodía manda Inés un mensaje por el que tenemos que acercarnos a la residencia ya que el casero va a llevar la cama, y de paso habrá que explicarle lo de las sábanas y las llaves. De este modo, Moisés y yo vamos para allí e intentamos hablar con él, pero, ¡premio! El casero no entiende ni papa de inglés. De este modo, mediante gestos y chapurreando alemán consigo hacerle entender que necesitamos más llaves, pero el tema de las sábanas no hubo manera de hacérselo entender, aunque, tras la noche anterior y viendo que tenemos calefacción en el piso, de momento no se hace urgente.
Almorzamos y a la tarde, tras ver un reality show bastante perturbador por la tele, Inés llega y nos explica cómo llegar a cada uno a nuestro puesto de trabajo para luego guiarnos hasta la estación de Lichtenberg donde compramos las tarjetas de transporte con las que esto nos saldrá bastante más baratos. Inés se despide de nosotros y seguimos por nuestra cuenta, dividiéndonos en dos grupos, de modo que Alejandro, Rayco, Saul y yo nos dirigimos a Alexanderplatz, lo que de momento, en nuestra actual ignorancia, tenemos como el centro de la ciudad (al menos en lo que a comercios se refiere), a intentar contratar internet, pero nos encontramos con unas condiciones un tanto extrañas, por lo cual hasta día de hoy aún no hemos contratado (y no sé cómo acabaremos haciéndolo o si lo haremos).
Lo cierto es que, tras esto, decidimos dar un paseo, encontrándonos con una librería bastante agradable donde compramos algún diccionario Inglés-Alemán y, en el caso de Ale, una guía de Berlín, para luego comerno un kebab y dirigirnos de vuelta a la residencia, no sin ejercer nuestro "derecho" como ciudadanos alemanes de ir tomándonos una cerveza en el metro (aunque yo no ejercería dicho derecho hasta el día siguiente debido a que, de momento, no me gusta dicha bebida... acabará gustándome, lo sé). Destacar que, en uno de los metros, al ver a un "peludo" y preguntarle en inglés por garitos metal para este fin de semana salir a dar un garbeo ya, el tipo en seguida se nos mostró como español y nos indicó por dónde tendríamos que ir. A ver si esta noche puedo visitar dichos locales. Y ya de vuelta en la residencia, tras un rato de cachondeo y un poco de pelea de mis compañeros de piso con mis cubos de Rubik, cerramos el chiringuito y nos vamos todos a dormir.

VIERNES 13 DE ABRIL

La mañana de este día realmente fue bastante aburrida, ya que cuando realmente hicimos algo fue por la tarde, cuando el mismo cuarteto de ayer decidimos ir a ver dónde estaban las empresas de Alejandro y Saul (ya que Rayco y yo teníamos unas condiciones un tanto "especiales"... en mi caso que la propia Inés me llevará el lunes hasta allí). Primero tenemos que llegar hasta el norte de la ciudad, bajándonos en la estación de Schönholz, encontrándonos con un barrio con un cierto toque rústico que lo hacía bastante pintoresco.
La odisea se montó cuando fuimos a buscar la empresa de Saul, la cual se encontraba en una calle llamada Pascalstrasse. Siguiendo las indicaciones de Inés, llegamos a la estación de Tiergarden y empezamos a caminar, encontrándonos no sólo con algunos monumentos interesantes que tendré que consutar qué son, sino con una serie de empresas de automoción a cada cual más lujosa: Harley Davidson, Mercédez-Benz, Lamborghini... Tras mucho caminar y tras preguntar a mucha gente, finalmente logramos encontrar la dichosa empresa, escondida más o menos al suroeste de Mordor, y empezamos a preguntarnos si realmente no habrá una manera de llegar sin caminar tanto (seguramente exista algún bus que lo acerque hasta ahí).
Agotados y tras cenar en un burguer (comida típica alemana donde las haya, ¿eh?) volvemos a la residencia donde yo, como suele ocurrir, tenía ya ganas de salir de fiesta, pero la mayoría estaban muy cansados así que decidimos dejarlo para el día siguiente, aunque yo tengo claro que esta noche, como que me llamo Eme, que me doy una vuelta por los bares que me mencionó el "jevata" de ayer.

SÁBADO 14 DE ABRIL

Esta mañana tampoco hicimos gran cosa, aunque ya comprobamos alguna zona donde podíamos encontrar wi-fi (como Moi nos había comentado el día antes), aunque debido a lo "particular" de mi portatil (que, vamos, está hecho polvo), no puedo usarlo, aunq

ue, afortunadamente, el muchacho también encontró un locutorio, que es donde esta tarde planeo subir este artículo. Además, preguntando en un par de librerías me dieron la dirección de una tienda de cómics, ¡por fin! Sabíais que no podía vivir sin ello.

Y esta es la experiencia de estos primeros cuatro días, la semana que viene contaré los próximos siete días, aunque tal vez no tan detallado como esta vez. La verdad es que esto me está gustando, se está bastante bien y, encima, estoy empezando a poder comunicarme bien en alemán sin tener que recurrir demasiado al inglés. Y ahora me despido, que me voy al locutorio a subir esto y probablemente esta noche, mientras este post se publica, yo ya esté preparándome para conocer la vida nocturna e Berlín. ¡Hasta pronto!

1 comentario:

Krisna_Chan dijo...

Pásatelo muy bien esta noche buscando los bares chachis para que, cuando vaya a visitarte, me lleves, jajaja.

¡Me alegra de que te guste y tengas tan buenas noticias! Espero que siga así.

¡Un besito!

P.d. Me nombras, juju =3 xDDDD